El DCB prosigue con su interesante Temporada de Conciertos

El joven pianista chileno Benjamín Vidal Marín, nacido en 1989, se presentó  bajo el  auspicio de la Liga Chileno-Alemana y la Sociedad Federico Chopin de Chile. Nos entregó un complejo programa en el que pudo demostrar sus grandes progresos. Ya a los 13 años de edad obtuvo el Primer Premio y mejor obra común del segundo nivel en el Concurso Nacional de piano «Claudio Arrau» y en el año 2010 ganó por concurso la Beca honorífica de la Agrupación Amigos del  Teatro Municipal. Desde entonces su actividad ha sido muy prolífica ofreciendo conciertos en destacadas salas de conciertos de la capital. Actualmente está  terminando sus estudios superiores de la Carrera Interpretación Musical, mención en piano, cursando el cuarto año en la cátedra del Profesor Fernando Cortés de la Universidad de Chile.

La primera obra del programa fue «Alma Brasileira» de Heitor Villa-Lobos (1887-1959). Este músico brasileño, director y compositor, es el más  prolífico de su país, lo que consta en su larga lista de sus obras que abarca sinfonías, cuartetos, óperas, música para guitarra, y las famosas «bachianas», canciones para canto con diversos acompañamientos de conjunto de cámara y orquesta. Es una fusión del folclore brasilero con la forma de componer de Juan Sebastián Bach, músico a quien admiraba. Las obras de Villa-Lobos se inspiran claramente en el folclore de su país, para lo cual efectuó intensivos estudios viajando por alejadas comarcas. Basa también su composición en la música europea, influencia que recibió durante una beca que le fue otorgada para Paris. Benjamín Vidal supo captar muy bien el carácter de la obra, que irradia claramente el ritmo balanceante  de la música brasilera. Captó su inspiración folklórica, y es a su vez, una partitura que requiere gran destreza pianística.

Enseguida escuchamos «La maja y el ruiseñor» de Enrique Granados (1867-1916) bellísimo trozo pleno de la atmósfera ibérica y de profundo romanticismo. Este carácter salta a la vista en Granados, quien siempre se inclinó más bien por la música centroeuropea del Siglo XIX,  que por la española. «La maja y el ruiseñor» es un trozo de su ópera «Goyescas», inspirada en su admiración por el pintor Francisco de Goya. El marcado romanticismo, envuelto en una música «intensamente sentida», de deliciosa melodía, requiere la participación emotiva del intérprete. Pensamos que en este caso, Benjamín, aún muy joven, más adelante se podrá identificar sin duda con una mayor sensibilidad con el romanticismo de Granados.

El programa prosiguió con las Treinta y Dos Variaciones en Do menor de Ludwig van Beethoven (1785 -1827) sobre un tema original. (1806). Se componen de 8 compases cada uno, salvo la última. Beethoven vierte en ellas gran imaginación, cada variación difiere de la próxima en dinámica y complicación y su dificultad de ejecución es también variable, y pero nunca fácil. Admirable nos resultó observar la habilidad con la que Vidal supo superar los escollos de una exigente partitura con encadenamientos armónicos plenos de diferentes coloridos y dinámica, escalas vertiginosas y arpegios que requieren una depurada técnica pianística. Quizá nos faltó una mayor diferenciación de volumen entre  los pasajes «piano», «forte» y «diminuendo».

A continuación Vidal nos entregó una excelente versión de los Dos estudios de concierto: «Un Suspiro» y «la Leggierezza» de Franz Liszt (1811-1886). Estos estudios, son tres, de los que Vidal presentó dos, (1849) titulados «Los caprichos poéticos». Guardan una cierta similitud con las técnicas de pasajes de los «Impromptus» de Chopin. El virtuosismo contenido en estas composiciones es parte ineludible de la técnica pianística específica. Realmente constituyen un desafío para el intérprete. Esta característica de Liszt ha llegado a constituir un fundamento para la interpretación de todo virtuoso en piano. Sin ellas serían inconcebibles los rendimientos máximos de los pianistas posteriores, por ejemplo en obras de Ravel, Debussy, Rachmaninoff etc.

No exageramos al opinar que Benjamín In Vidal nos dejó estupefactos con su entrega. La técnica impecable que demostró al superar los innumerables pasajes de vertiginosas escalas, los constantes arpegios tanto en la mano izquierda como la derecha, fueron una demostración de sus enormes progresos logrados con disciplinado e intenso estudio. Igualmente fascinante fue el espíritu y estilo, junto con la ya demostrada técnica,  en la Balada Nro. 2 en si menor de Liszt. Debemos recalcar nuestro entusiasmo al constatar que precisamente la complejidad de estas obras constituyó el punto máximo de este recital. Pudimos constar así, que a nuestro joven virtuoso le espera un futuro esplendor.

 

De Sylvia Wilckens, Círculo de Críticos de Arte de Chile

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